En albergues migrantes mexicanos celebran fiestas de fin año

“Es muy bueno a ver cada uno de los migrantes que hoy nos reunimos, es una cena bufet que cada uno de los voluntarios hizo, así como los migrantes, por eso decimos que Dios está con nosotros”

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MEXICO.- La fiesta en el albergue La 72 para inmigrantes en Tenosique, Tabasco, empezó con una misa para dar gracias a Dios por un año más de vida y otro que comenzará en breve. El sacerdote Tomás Gonzalez celebró la eucaristía, dio hostias y sermones de aliento que precedieron a una lotería para pequeños regalos, una piñata y cena con carne de res, pasta y ensalada.

El cura convivió con ellos y los vio felices romper el baile de Navidad al final de la noche, danzas sensuales como bien los saben hacer los centroamericanos, sobre todo los hondureños, como una pausa en sus tristes corazones por estar lejos de la familia.

“No es lo mismo pasar estos días en un territorio hostil que los discrimina como pasa en México, pero vienen en estas fechas porque ellos creen que los agentes del Instituto Nacional de Migración descansarán, trabajarán menos y quieren avanzar: ahora llegan cada vez más y por estas fechas llegan y se van al mismo tiempo alrededor de un centenar de personas’’, observó Gonzalez. “Ellos tienen la ilusión’’.

La esperanza de llegar a Estados Unidos no cesa a pesar de las políticas antiinimigrantes de Donald Trump y el ritmo de ingresos, basado en cálculos del número de indocumentados deportados, continúa a un ritmo diario de entre 700 y 800 personas al día y más aún en el mes de diciembre.

Otro albergue fundado por el padre Alejandro Solalinde también reporta lleno total con hasta 150 indocumentados al día para los que se ha organizado posadas, piñatas, misas y comilonas para amortiguar el efecto “depresivo’’ de estar lejos de casa.

“Es muy bueno a ver cada uno de los migrantes que hoy nos reunimos, es una cena bufet que cada uno de los voluntarios hizo, así como los migrantes, por eso decimos que Dios está con nosotros”, dijo Solalinde.

Del otro lado del país, en la frontera norte que limita con EEUU, el ambiente en los albergues cambia radicalmente de la ilusión a la tristeza, aunque aún con fe de poder regresar algún día con la familia.

Hasta el mes de noviembre pasado, la Unidad de Política Migratoria del Instituto Nacional de Migración, documentó el retorno de poco más de 151,000 mexicanos deportados, de los cuales, el 99% ingresó por las garitas de recepción fronterizas de Baja California (una tercera parte), Chihuahua, Coahuila, Sonora y Tamaulipas.

En Tijuana, Miguel Ángel López, hospedado en el albergue La Embajada del Migrante desde su deportación hace ocho meses, declaró que aunque es oriundo de Veracruz, se ha quedado en Baja California porque tiene la esperanza de volver a ingresar para ver a su familia tal y como reconoció también el hondureño Rodolfo Aguilar.

“Es un fin de año amargo’’, reconoció el primero quien vivió 22 años en San José hasta que lo detuvieron agentes migratorios.